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Cualquier conjunto de computadoras interconectadas es una internet (interconnected network). Y de entre todas las internets, una en particular ha crecido, hasta envolver el mundo y tener miles de millones de usuarios y computadoras conectadas a ella. Esta red es la Internet (con i mayúscula).
La Internet no es tan joven como parece, pues sus orígenes se remontan a más de medio siglo de antigüedad. Sin embargo, no fue sino hasta los 90 que se desató el auge que actualmente vivimos, porque al instrumento de interconexión gubernamental y académica, se le levantó la prohibición de un uso comercial.
Desde entonces, mucha agua ha pasado bajo el puente... o hablando en términos más cercanos al tema, muchos datos han transitado por la "autopista de la información". Cada dato ha salido de un computador, para llegar a otro. Es decir, a alguien. Mejor aún, a cualquiera.
La facilidad de llegar a millones de personas, generó la posibilidad de ofrecerles mercancías o incluso de poder cerrar las transacciones comerciales con ellas, generando un impetuoso crecimiento de los usuarios que ofrecían y recibían servicios.
El modelo del "mercado en la Internet" tuvo su auge el año 2000, cuando el índice NASDAQ compuesto hizo su máximo en 5048.62 puntos, más del doble de su valor que el año 1999. Ese fenómeno se conoció como "la burbuja .com". Actualmente, el más notorio sector que aún sobrevive casi sin mella es el de la pornografía.
La conducta de las personas conectadas a la Internet cambió desde entonces y los usuarios empezaron a utilizar menos servicios pagados y los servicios gratuitos empezaron a crecer desmesuradamente; sin embargo, los sitios con servicios gratuitos tenían otros objetivos no tan evidentes como los de los sitios pagados que consistían en publicidad, gancho para otros productos, o finalmente vivir de las donaciones de la gente. Es decir, el modelo de negocios cambió.
Los servicios gratuitos se multiplicaron: buscadores, correos, enciclopedias, juegos, etc. Así también empezaron a surgir "líderes" de cada grupo: google para los buscadores, wikipedia para las enciclopedias, skype para las comunicaciones, etc. Millones de personas empezaron a usar esos servicios y a contar con ellos como parte de su vida diaria.
Sin embargo, el usuario nuevamente evolucionó en su comportamiento buscando no solamente servicios gratuitos; el usuario quería participar más activamente en la Internet. Comentar, corregir, votar, criticar, hablar con otros, ser oído. Fue el momento de la formación de la Web 2.0. Nuevos (e impensados) servicios fueron creados para satisfacer a estos usuarios "interactivos" (gratuitos por supuesto): facebook, twitter, linkedin, etc.
Ahora, la libertad que los usuarios tienen de expresarse y compartir información sólo es posible en la Internet. Esa libertad resulta peligrosa para algunos, sea porque mucha información entre la gente resulta subversiva, porque se abusa de ella para cometer delitos (fraudes, perversión de menores y otros) o porque se violan los derechos de copia.
Respecto a que la información pueda ser subversiva o no es un tema político que se ha presentado en algunos países y ha sido la Internet un factor de riesgo.
En cuanto a los dos primeros temas, hay mucha tela que cortar y depende de los valores y los fines políticos de una sociedad, país o gobierno. Sin embargo, en cuanto a los derechos de copia, el mundo está viviendo un remezón como nunca antes se había vivido.
Los avances tecnológicos permiten que las obras intelectuales sean copiadas a una fracción insignificante de costo. Películas, música, libros, programas o todo aquello que pueda ser cargado en una computadora, también puede ser copiado sin pérdida de calidad o contenido. Este avance tecnológico resulta ser muy atractivo en una economía de mercado donde el objetivo es maximizar la utilidad, sea aumentando los ingresos o disminuyendo los costos.
Si tenemos una mercancía que resulte muy barato multiplicar, la utilidad sería prácticamente el precio de la mercancía. Algo así como que si tuviéramos un pan, podríamos vender cientos o miles sin costos adicionales, produciendo una gran ganancia.
Claro que si se tratara de panes o de peces, su multiplicación sería un milagro, porque son objetos materiales. Pero los archivos de computadoras no son objetos materiales y esto hace que multiplicarlos sea más que un milagro, una cosa de todos los días.
Los productores de estos archivos de computadora (documentos, vídeos, fotos, canciones, etc.) se esfuerzan por crear el primero. Los demás, son un negocio por demás apetecible. El principio económico de que "las necesidades son infinitas y los recursos son escasos" no se aplica en los archivos digitales. No es extraño encontrar que a partir de esta ventaja que ofrece la tecnología actual, se han construido grandes riquezas individuales o corporativas, en el cine, la música o los programas de computadoras.
Pero, al ser tan fácil duplicar los archivos de computadoras, quienes lucran con estos derechos, se esfuerzan por crear mecanismos que prohíban o dificulten la duplicación sean éstos tecnológicos o legales.
Los mecanismos tecnológicos son subvertidos casi al mismo tiempo que aparecen. Se crean programas que validen la posibilidad de copia y al mismo tiempo se crean otros mecanismos tecnológicos que anulen a los primeros. Realmente, la tecnología de copia avanza tan rápido como la tecnología que quiere impedir las copias de los archivos de computadoras. De igual manera la tecnología de reproducción de las copias "autorizadas" avanza al mismo ritmo que la tecnología que permite reproducir copias "no autorizadas".
Por otra parte, los mecanismos legales pretenden crear una "carencia artificial" mediante la construcción de contratos (más conocidos como "licencias de uso") entre privados donde el comprador se comprometa a no realizar copias "sin autorización"; en el entorno público, el objetivo es tipificar la copia como delito grave con sanciones desproporcionadas que desalienten a las personas a copiar.
Sin embargo, la libertad y la universalidad de la Internet ha hecho que los mecanismos legales sean insuficientes para impedir que la gente copie lo que quiera copiar.
En todo el mundo, la arremetida de las corporaciones para preservar sus ganancias ha alcanzado las salas y los pasillos de los Congresos procurando limitar esa libertad de la Internet.
El gesto más dramático a la fecha se ha dado en EEUU, con una iniciativa legislativa oscura y corrosiva que va más allá de los derechos de copia: la denominada SOPA (Stop Online Piracy Act).
Sin embargo, la respuesta de la comunidad ha sido contundente: no se permitirá reducir la libertad en la Internet.
El 18 de enero, miles de sitios dejaron de operar en un gesto de protesta contra esas acciones que van en contrasentido de la historia. La silenciosa acción rebelde, caló profundamente en la consciencia de las personas. Ahora ya nadie puede ignorar lo que la libertad en la Internet significa.
El deseo de enriquecerse basado en la prohibición se vio contrapuesto al deseo de la población de tener acceso a la misma. Esta situación está dividiendo al mundo. Por una parte, los dueños de los derechos invocan a la propiedad intelectual para crear carencias de bienes infinitos y hacer respetar sus derechos de copia. Por otra, las personas ven en la tecnología la oportunidad de alcanzar niveles de conocimiento para todos, impensados hace menos de una década.
Algunas opciones intermedias se han creado en estos años. Por ejemplo, el software libre que busca el acceso irrestricto pero legal a los programas de computadoras, como obras intelectuales en permanente crecimiento. De igual manera, la creación de licencias comunes (creative commons) que permitan tomar temas musicales, vídeos u otras obras artísticas e intelectuales para el acceso libre de todos permitiéndoles no sólo el disfrute sino incluso la ampliación, modificación o enriquecimiento de las mismas.
Para ello, apelan a los autores quienes no pierden la autoría y permiten que otros construyan sobre sus propias obras. Algo así como que la diablada pueden bailarla todos, pero no deja de ser boliviana.
La información es esencial para el desarrollo de las sociedades modernas; más aún de países como el nuestro que desesperadamente buscan colocarse en la historia mundial y tener una oportunidad de sobrevivir. Internet es el vehículo de esa información.
De nada sirve que algunas personas se apropien del conocimiento colectivo, sólo porque tienen más recursos o porque sus leyes lo permiten. No es de extrañar que en EEUU se haya patentado el chuño y que en el futuro, debamos pagar regalías por producirlo o consumirlo.
Hace 65 millones de años, un cometa de gran tamaño impactó en la tierra y cambió las condiciones climáticas forzando la extinción de los dinosaurios. Quizá no sea incorrecto pensar que su arribo fue precedido por un silencio parecido al del 18 de enero del 2012. Que algo ha cambiado en nuestro planeta, eso ya no se puede dudar. (AS)